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Expertos de perú en USA descubren lo que parece ser una estrella ‘gemela’ de nuestro Sol

Por Astro Administrador web el veintiseis de Noviembre de dos mil siete en Espacio Exterior, Investigación, Estrellas 
Conforme se edifican mayores telescopios y se crean mejores sistemas de observación, los científicos prosiguen afanados en encontrar, en algún reservado rincón del universo, un espéculo perfecto de nuestro planeta, cuya lejana luz pueda mostrarnos que no estamos tan solos como semeja. Como no habría vida sin planetas como la Tierra, ni planetas como la Tierra sin su Sol, el descubrimiento de una estrella idéntica a la nuestra, llamada HIP cincuenta y seis mil cuatrocientos noventa y ocho, podría suponer un enorme avance en esta dirección. 

El gemelo del Sol se halla a doscientos años luz de nosotros, y es el astro más similar a nuestra estrella de cuantos se han detectado hasta el instante. Su masa, tamaño, temperatura y composición química son casi iguales, tal como su movimiento orbital en la galaxia. En verdad, sus propiedades físicas apenas se pueden distinguir de las del Sol a través de los presentes métodos de medición. 


La identificación del gemelo solar se ha llevado a cabo tras pesquisar en el catálogo Hipparcus, con más de cien estrellas, y elegir las más convenientes para estudiarlas con más detenimiento. La investigación ha sido llevada a cabo por 2 científicos peruanos: Jorge Meléndez, del Observatorio Stromlo de Australia, y también Iván Ramírez, del Observatorio McDonald, en Texas. 

HIP cincuenta y seis mil cuatrocientos noventa y ocho se halla en la llamada zona galáctica habitable, o sea, la zona de la Vía Láctea que contiene la suficiente cantidad de elementos pesados para entregar sitio a planetas rocosos capaces de cobijar agua y vida. 

Además de esto, y al revés que otras estrellas afines al Sol halladas de antemano, presenta una cantidad parcialmente pequeña de litio, como nuestro Sol. Este último dato podría ser esencial pues se piensa que la escasez de este elemento evita que las estrellas tengan una actividad demasiado intensa y asuelen con sus emisiones de radiación a los planetas de su ambiente. 

Júpiter caliente 

Exactamente la misma investigación asimismo ha dado con otra estrella, HIP setenta y tres mil ochocientos quince, muy afín al Sol, y con una composición baja en litio, si bien este descubrimiento ha quedado en un segundo plano por el gran similar que presentan HIP cincuenta y seis mil cuatrocientos noventa y ocho y nuestra estrella. En todo caso, los científicos estiman que los dos astros deberían tener la máxima prioridad en el programa de busca de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus iniciales en inglés). 

Todavía no podemos saber si hay planetas similares a la Tierra orbitando en torno a estas 2 estrellas, mas los nuevos estudios que se están efectuando actualmente no han encontrado en su ambiente ningún ‘hot Jupiter’ (Júpiter caliente), esto es, planetas gigantes y gaseosos ubicados en una órbita próxima. La presencia de estos mundos arruinaría cualquier semejante de aquellos sistemas planetarios con el nuestro, donde los cuerpos rocosos –como la Tierra– se hallan próximos al Sol y los gaseosos –como Júpiter– están considerablemente más lejos. Por este motivo, es una buena nueva –otra más– que no hayan aparecido planetas gigantes en las proximidades de estos 2 gemelos del Sol. 

“No descarto la posibilidad de que planetas afines a la Tierra orbiten estas estrellas”, señaló el día de ayer a este diario Jorge Meléndez desde Australia. Sin duda, la relevancia que tendría localizar un sistema de planetas igual al nuestro trascendería las fronteras del estudio científico de las galaxias. 

“Aparte de la relevancia astrofísica de los gemelos solares, hay otra motivación para procurarlos y estudiarlos con todo detalle: asisten a contestar el interrogante de si el Sol es único o bien no, una cuestión que tiene esenciales consecuencias filosóficas“, conforme apuntan los científicos en su informe técnico, que va a ser publicado próximamente en Astrophysical Journal. 

Ciertas maneras de creacionismo o bien diseño inteligente (teorías que mantienen que el Cosmos se estudia mejor partiendo de la existencia de Dios o bien alguna otra entidad autora) estiman que el Sol es un astro único, diferente al resto de estrellas del universo, lo que sugeriría que alguien debió ponerlo ahí a fin de que brotara nuestra especie. 

Si bien el descubrimiento de HIP cincuenta y seis mil novecientos cuarenta y ocho “no rebate por completo” esta idea, conforme reconoce el propio informe, resulta evidente que sí “puede utilizarse como un razonamiento en su contra”. “Hemos probado que el Sol seguramente no es único, y que hay otras estrellas con composición química y propiedades físicas fundamentalmente identicas a las del Sol”, en palabras de Jorge Meléndez. Visto con nuestros ojos, semeja que el universo nos lo hicieron a la medida, mas quién sabe las extrañas criaturas que habitan bajo el calor de otros soles.

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Eclipse de luna Explosivo

La mayor parte de las personas aprecian los eclipses lunares por su belleza sigilosa en la mitad de la noche. Mas Bill Cooke, el astrónomo de la NASA, los observa por un motivo diferente: ama las explotes.

En la madrugada del martes veintiocho de agosto, la sombra del planeta Tierra cubrirá la faz de la Luna en lo que va a ser un eclipse lunar de una hora y media de duración. En esa obscuridad, Cooke espera poder grabar ciertos destellos de luz —explosiones ocasionadas por meteoroides que chocan contra la Luna y que revientan haciéndose polvo.


“Este eclipse es una espléndida ocasión para observar”, afirma Cooke, quien dirige la Oficina de Medio Entorno de Meteoroides (Meteoroid Environment Office o bien MEO, en idioma inglés), en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales. La faz completa de la Luna va a estar en sombras durante más de 2 horas, ofertando de esa manera veintitres millones de quilómetros cuadrados de obscuro terreno como blanco para los meteoroides.

Las explotes lunares no son algo nuevo. El equipo de Cooke ha estado monitoreando la Luna desde finales del año dos mil cinco y ha grabado, hasta el momento, sesenta y dos impactos. “Los meteoroides que chocan contra la Tierra se desintegran en la atmosfera, generando una inofensiva traza lumínica. Mas la Luna no tiene atmosfera, con lo que los ‘meteoros lunares’ siempre y en todo momento hacen colisión contra la superficie”, afirma. Los choques habituales liberan una energía equivalente a cien kg de revienta, y excavan cráteres de múltiples metros de ancho, al unísono que generan estallidos de luz suficientemente refulgentes para poder verlos a una distancia de trescientos sesenta y 2 mil quilómetros, en la Tierra, mediante telescopios comunes.

“Cerca de la mitad de los impactos que vemos tienen origen en lluvias de meteoros comunes, como las Perseidas y las Leónidas”, afirma Danielle Moser, miembro del equipo de la MEO. “La otra mitad son ocasionados por meteoroides ‘esporádicos’ que no están asociados con ningún cometa o bien asteroide en particular”.

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